Os pego a continuación la respuesta que Albert Boadella ha publicado en su blog de Els Joglars a la carta que le envié el otro día sobre la polémica que se desató sobre sus comentarios acerca de los votantes de PACMA.
Como ya le he dicho al Sr. Boadella, es cierto que nunca nos pondremos de acuerdo en este tema. Estoy en completo desacuerdo con muchas de las cosas que expone en su respuesta, pero reconozco que hay otras con las que sí estoy de acuerdo. Pero, en cualquier caso, es siempre un placer y resulta muy enriquecedor escuchar opiniones razonadas y coherentes aunque éstas se encuentren en las antípodas de las tuyas.
Desde aquí quiero volver a expresearle al Sr. Boadella mi admiración y mi respeto y enviarle, de nuevo, un fuerte abrazo.
Pego aquí su respuesta:
No señora. En absoluto tiene porque sentirse aludida. Aunque reconocerá que tampoco tiene la palabra gilipollas una etimología demasiado precisa. Por ello, en primer lugar, desearía que entendiera el alcance de esta expresión tan corriente y a menudo con cierto toque de humor cuando se refiere a la calificación de una persona. Por lo menos en mi caso ¿Cuántas veces no se le dice a alguien próximo? ¡No seas gilipollas! Con ello no trato de excusar una expresión que para nada hubiera utilizado hacia usted de leer con anterioridad su carta, y en este sentido, le pido excusas si se considera implicada o agraviada por mi calificación.
Como es la única carta educada y sincera que he recibido entre las más de cuatrocientas, me permito escribirle tratando de contestar con la misma delicadeza que ha utilizado usted conmigo.
Entiendo que su actitud en relación a los otros seres vivos de la naturaleza es muy coherente en cuanto a que para nada consume aquellas cosas que puedan anticipar la muerte de estos seres. Por lo menos, de una parte de ellos ya que hay otros que por su volumen no entran en tales intenciones, y siempre en la suposición que el mundo vegetal nada tenga que ver con formas de vida evolucionada bajo otro concepto de la existencia. Por ejemplo, también es difícil liberarse de los medicamentos, muchos de los cuales están producidos con materia animal. Pero en cualquier caso, la suya es una actitud muy alejada de la mayoría que defiende fanáticamente tales principios y sin embargo, no desea saber nunca la historia de las morcillas que consume. En el fondo, se trata de puritanos que utilizan estos temas para acusar y condenar las actitudes ajenas y en ello incluyo buena parte de los votantes de PACMA. Solo observando algunas de las acciones y contenidos del propio partido (como el formato de denuncias en su web) se llega a la conclusión que catalizan y dan amparo al impulso inquisitorial entre mucha de la gente que se les une. Una gente que muy a menudo lleva el tema como una nueva forma de religión.
Por lo que me cuenta, tiene usted un criterio muy estricto consigo misma en estas cuestiones y no puedo más que admirar respetuosamente su posición aunque no la comparta. No la comparto, por una visión distinta de la naturaleza y su propia supervivencia, sin embargo, la comparto en cuanto a la posición ética de su proceder. Soy un hombre que ha vivido la mayor parte de su vida en el mundo rural y mi relación con la naturaleza no es para nada algo teórico ni bucólico. He plantado cientos de árboles, he alimentado decenas de animales con toda la atención y cuidado que ello requiere, he tenido animales domésticos que, seguramente, bajo sus instintos, se han encontrado cómodos con mi trato a lo largo de su vida y también he matado pollos o patos para comer. Le quiero decir que mi forma de actuar y concebir la naturaleza tiene que ver con lo que hoy se puede llamar una tendencia ecológica, o por lo menos, respetuosa con el medioambiente pero sin ningún resquicio de secta religiosa. En nada trato de ser fanático o sectario. Ni tan solo en mi gran afición taurina ¿Sabe en que se diferencia mi actitud ante los toros de la de un antitaurino? Simplemente, en que yo siempre albergo en mi mente la duda, o sea, la posibilidad de que aquellas emociones artísticas que emergen de los toros no justifiquen el acto. En este sentido, tengo que decirle que a juzgar por los brutales insultos que nos dedican a los aficionados, los animalistas jamás se plantean la mínima posibilidad de error en su concepción de algo tan complejo y enigmático como la propia naturaleza, y esa sutil diferencia, estimada señora, representa un abismo en la forma de actuar y pensar.
No quiero entrar en tecnicismos pero admitirá que hay muchas voces científicamente autorizadas que tienen concepciones muy distintas sobre los equilibrios naturales sin que ello presuponga ninguna insensibilidad hacia el mundo animal sino todo lo contrario, sus hipótesis se dirigen a la preservación de las especies en las mejores condiciones posibles pero teniendo en cuenta el componente violento que sostiene el equilibrio natural del planeta. Nuestro propio cuerpo es una feroz batalla continua de exterminación de bacterias, defensas y virus. Con el pacifismo infinito no existiríamos como especie, ni nosotros ni la mayoría de seres vivos. Ello no significa que no tratemos de evitar la desaparición de las especies y sobre todo de su espacio vital que también es el nuestro.
Obviamente, habrá notado que no participo para nada de la visión urbana que hoy predomina mayoritariamente sobre los animales. Por ese mismo motivo tampoco creo que deba existir un partido que, lejos de aspirar a la administración política de un país como es la función esencial del sufragio universal, trate de aprovechar este derecho para un tema tan accesorio en el mundo occidental como es la protección de los animales. Sobre todo, cuando existe la posibilidad de hacer esta labor, sin duda legitima, a través de las asociaciones. No se me ocurriría a mí, por mucho que ame el teatro y pueda creer en su infravaloración social, hacer un partido para preservar el arte. Cierto que existe en Francia un influyente partido de los cazadores pero me permitirá que lo considere igualmente una enorme gilipollez y lo que es más grave, una degradación de la democracia. Otra cosa muy distinta son los partidos ecologistas que fomentan la idea de acceso al poder con la intención de aplicar una estructura social encaminada a cambiar las formas de vida cotidiana y futura.
Estimada señora, no nos pondremos de acuerdo en el tema de los animales ya que pensamos de forma muy distinta y seguramente también tenemos experiencias muy diferentes pero a pesar de ello su carta me hace ver en usted una persona coherente con la que estoy convencido que coincidiríamos en muchas de aquellas cosas verdaderamente esenciales para la vida.
Con todo mi afecto y también mis excusasAlbert Boadella